Reflexionando sobre el modo de contactar con personas que se encuentren en camino de búsqueda hacia una fe actualizada, me ha parecido éste, un medio a través del cual podemos unirnos en nuestras inquietudes con un pensamiento crítico que ayude a construir una iglesia, no paralela, sino más auténtica, que responda al genuíno mensaje de Jesús, buscando la esencia del evangelio, tan actual como la vida misma.


Me confieso creyente, dentro de una Iglesia que nada tiene que ver con la "institución" a la que considero en la mayoría de las veces una "piedra de tropiezo" y en la que no encuentro el espíritu del Evangelio.

Llevo demasiados años oyendo que "las cosas no pueden cambiar de un día para otro" pero el caso es, que no hay voluntad de cambio, sino más bien al contrario.

Estamos volviendo a las "indulgencias" "jubileos" "canonizaciones" a la prohibición y retirada de ciertos libros como el de (J. A. Pagola ) "Jesús , aproximación histórica" y a seguir considerando que quien cumpla con todo aquello que el Vaticano ordena y crea todo lo que declara "dogma de fe" ya está en el buen camino.

Yo acostumbro a pensar por mí misma y todo esto no me cuadra con el evangelio, puesto que Jesús vino a liberar, como lo demuestran los relatos evangélicos en los que su mensaje siempre se manifiesta en contra de instituciones cerradas que no dan cabida a quienes piensan diferente, marginan y cargan las conciencias de culpabilidades, y están lejos del respeto a la dignidad de la persona valorándo la ley por encima de ella.

Es una pena que esta iglesia "institución" no tenga para ofrecer algo más atractivo en su fachada, como el estar codo a codo con los problemas actuales en lugar de censurarlos, amar como el padre al hijo pródigo acogiendo, liberando del celibato a quienes quieren seguir ejerciendo el ministerio sin tener que renunciar a una familia o pareja que complemente su labor, y estando en actitud de servicio tratando con suma delicadeza y pedagogía la problemática de la juventud.

Una iglesia que aproveche los valores que hoy tiene mucha parte de la juventud y no sabe por donde encauzarlos por falta de dirigentes que oferten un mejor conocimiento del evangelio.

Una iglesia en donde se nos considere como miembros auténticos, no como meros "espectadores".


Una iglesia en donde la mujer ejerza otro papel que no sea el de obtener "permiso" para distribuir la comunión ¡Qué gran honor! y pasar el cepillo, limpiar, preparar los atuendos para el párroco etc. etc. ¿y todavía nos quejamos?. Esto sí que es machismo, marginación, y vivir en la cultura del pasado.

Por eso, desde mi humilde posición, os invito a que participéis con vuestras opiniones y de alguna manera tener contactos cada vez más vivos incluso realizar si fuera posible, encuentros para compartir nuestras opiniones en torno a la fe.

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